martes, 2 de junio de 2009

I(Lu)minada

Esta semana he ido a trabajar a la hermosa y serena ciudad de Bilbao. Subí al autobús con un cierto aturullamiento psicosomático y, al igual que todos los días anteriores, con una vívida imagen de Lu en mi imaginación.
Imagen obtenida en antenasparatodos.blogspot.com
De repente, esa sonrisa que siempre visualizo me estimuló, suavemente, el corazón: algo se abrió en mí como la expansión de una onda sobre el agua desde el punto en el que ha caído la piedra. La sentí con intensidad, como un mensaje inabarcable de amor y de momento, de vida sutil y eterna que dura solamente el instante en el que nos mezclamos.
Todo cambia en nosotros después de un encuentro, y el mío con Lu permanecerá en mi ser como una unidad más rica. Recordé aquello que Panchamán le había dicho a Oscar después de que su maestra hubiera, como dicen en India, abandonado su cuerpo: “no la extraño, porque la siento más cerca que nunca”. Cuando escuché al chamán, aquel día hace ocho años en la luminosa librería del Recreo, algo vibró con fuerza en mí, pero mi intelecto no me dejaba comprenderlo. Ahora mi espíritu abraza esas palabras, porque he logrado sentir a mi amiga en mí, y eso me ha dejado comprender la grandeza de esta voluble permanencia. En aquél instante pensé en San, deseé intensamente que él también hubiera experimentado una vivencia como la mía. Y desde él, epicentro de todos los que estamos sintiendo el profundo dolor de esta ausencia, envié una intención al aire, un deseo de i(lu)minación que se extendiera hacia todos nosotros, como una onda sobre el agua desde el punto en el que ha caído la piedra; porque yo, desde ese instante vivido durante el viaje en autobús a la hermosa y serena ciudad de Bilbao, siento unas rabiosas e irresistibles ganas de vivir.